SOBREVIVIR PARA CONTARLO, de Immaculée Ilibagiza.

No puedo evitar pensar en los macabros paralelismos que ocurren de tiempo en tiempo en el mundo y en cómo la historia se repite. Por eso algunas veces me he preguntado… ¿qué similitudes pueden haber entre una campesina de El Salvador y una estudiante universitaria de Ruanda, ambas testigos de un exterminio masivo y sangriento? Me refiero a la salvadoreña Rufina Amaya, sobreviviente de la masacre de El Mozote (en El Salvador) en diciembre de 1981, y a la africana Immaculée Ilibagiza, sobreviviente del holocausto de Ruanda de abril de 1994.

El libro “Sobrevivir para contarlo” escrito por Immaculée Ilibagiza, con la ayuda de Steve Erwin y publicado en 1996, cuenta la historia personal de cómo esta joven africana se enfrentó a uno de los más grandes genocidios que hayan ocurrido en el mundo, acaecido en un lugar del África Central, lejano y desconocido por muchos, el país en cuestión es Ruanda, mismo que colinda con Uganda, Burundi, República Unida de Tanzania y la República Democrática del Congo.

Ruanda había sido colonizado hacía muchos años atrás por los belgas y los alemanes, quienes se encontraron con que en ese país habían tres grandes tribus racialmente diferentes: los Hutus, que eran la mayoría, los Tutsis y los Twa, estos dos últimos eran una minoría en orden decreciente. Con la colonización, los belgas se encargaron de acentuar esas diferencias raciales que en un primer momento radicaban, principalmente, en la estatura y el ancho de la nariz, siendo así que los Hutus eran más bajos de estatura que los Tutsis y con la nariz más ancha. Los Twa, por su lado, eran una minoría de pigmeos. Sin embargo es de hacer notar que el mestizaje de tribus se ha dado a través del tiempo por generaciones, terminando en una mezcla de características fenotípicas que muchas veces poco pueden ayudar a la separación de etnias a simple vista.

Antes de ser colonizado, Ruanda era gobernado por un rey Tutsi, que había mantenido la paz y la armonía durante varios siglos. Cuando los gobernantes Tutsis exigieron más libertad y poder a los invasores belgas, éstos se molestaron mucho y alentaron a los Hutus a la toma violenta del poder, durante la cual hubo un gran baño de sangre. Ya instalados los Hutus en el gobierno, una gran cantidad de Tutsis derrotados fueron exiliados. Los Tutsis que se quedaron se convirtieron en ciudadanos de segunda clase. Es más, en las escuelas los profesores pasaban lista de acuerdo a la tribu a la que pertenecían los estudiantes. Con el pasar de los años, los descendientes de los Tutsis en el exilio formaron el Frente Patriótico Ruandés (FPR), con el objetivo de regresar a Ruanda y arrebatar el poder a los Hutus.


De izquierda a derecha: el padre y la madre de Immaculée, Aimable, Damascene, Immaculée y Vianney.

En 1994, el país se hundió aún más en el odio étnico posterior a la firma de paz por parte de su presidente (un hutu) llegando a algunos acuerdos de mejoría para los Tutsis; sin embargo el avión en donde regresaba el Presidente fue derribado, con consecuencias fatales.

Las radios gubernamentales acusaban a los Tutsis de asesinar al Presidente e iniciaron una campaña mediática de odio e intolerancia contra ellos, llamándolos “cucarachas” e incitando a todos los Hutus a exterminar a sus compatriotas Tutsis. Entonces, se desató el gran genocidio.

En estas duras circunstancias Immaculée Ilibagiza se enfrentó al holocausto, el cual se llevó consigo a dos de sus hermanos, a sus padres y la casa en donde habitaban. Ella sobrevivió escondiéndose varios meses en un pequeño cuarto de baño, junto a otras mujeres.


Una década después del genocidio Immaculée regresó el cuarto de baño donde estuvo escondida durante tres meses, con otras siete mujeres.

La historia es conmovedora y escrita en un lenguaje muy sencillo. Su principal mensaje es el inmenso deseo de vivir de Immaculée, la denuncia del genocidio y la manera de cómo logró ella superar el gran dolor de perder a casi toda su familia y de ver a su país devastado.


Casa de los padres de Immaculée destruida durante el genocidio.

En El Salvador, existen muchas historias similares que tratan de huídas, muertes, sobrevivencias y perdón ocurridas durante la guerra civil, posiblemente la más conocida es la de Rufina Amaya, mujer humilde que pudo escapar de la Matanza del Mozote (departamento de Morazán) ocurrida a manos del ejército salvadoreño, a través del Batallón Atlacatl, quienes asesinaron a sangre fría a más o menos 900 personas desarmadas, entre niños, adultos y ancianos, de ambos sexos, todo esto en el lapso de unas horas, Rufina se escondió aún oyendo los gritos desgarradores de sus hijos, de las mujeres siendo violadas y de amigos y vecinos antes de ser masacrados, ella sobrevivió y tiempo después perdonó a sus agresores. En Ruanda fueron asesinadas más o menos un millón de Tutsis. La similitud más grande entre los dos países tal vez pueda caber en una sola palabra: exclusión. Ambos países, El Salvador y Ruanda, son países del Tercer Mundo con mucha pobreza y los problemas sociales en ambos países tienen sus cosas en común. Sus testimonios de valentía hoy son conocidos en el mundo gracias a las personas que se interesaron en sus vivencias personales.

De su familia, sólo Immaculée y su hermano Aimable sobrevivieron al holocausto de Ruanda.

También es necesario mencionar la estupidez de la raza humana, que se empeña en hacer diferencias entre los seres humanos, acompañando esas diferencias con la imbécil intolerancia. Aquí en El Salvador es común escuchar a alguien tratar de insultar a otro llamándolo “indio”, en el sentido más peyorativo de la palabra. Por supuesto que detrás de la palabra “indio” hay acumulados 500 años de historia de esclavitud, colonización, pobreza y exclusión, en una historia llena de odio e injusticias. Un racismo ridículo y absurdo.

Texto:

Érika Mariana Valencia-Perdomo

Óscar Perdomo León

En el siguiente enlace encontrarán el argumento de la película “Hotel Rwanda” que trata sobre el holocausto en Ruanda:

http://es.wikipedia.org/wiki/Hotel_Rwanda

“Algunas veces en abril” es otra película basada en el genocidio en Ruanda: http://search.creativecommons.org/?q=Algunas+Veces+en+Abril&sourceid=Mozilla-search

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Acerca de Érika Valencia-Perdomo y Óscar Perdomo León.

Médicos.
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4 respuestas a SOBREVIVIR PARA CONTARLO, de Immaculée Ilibagiza.

  1. Axel dijo:

    realmente excelente! felicidades y muchas gracias!

  2. alita dijo:

    Como hacen ustedes dos para tener tanta onda entre ustedes????
    saludos desde Buenos Aires, Argentina

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