HISTORIA DE HOSPITAL 4

He trabajado en varios hospitales de El Salvador y en todos he vivido experiencias inolvidables. Por ejemplo, cuando hice mi Año Social como médico en el hospital de Ciudad Barrios (departamento de San Miguel), me pasó algo muy curioso. Un día por la tarde, cuando me disponía a salir a cenar, uno de mis colegas que estaba de turno me mandó a llamar para que le ayudara en la Emergencia con unos pacientes heridos que habían llegado. Como los médicos que quedaban de turno sólo eran dos, si el hospital se llenaba de pacientes, a veces se pedía ayuda a los médicos que no estaban de turno y siempre procurábamos apoyarnos los unos a los otros. Había, recuerdo bien, entre nosotros un sentido de camaradería.

Acudí entonces inmediatamente a la Sala de Emergencia y mi colega me pidió que le ayudara con un paciente que tenía heridas múltiples, causadas por arma corto-contundente. Mi colega le suturaba una pierna y yo me encargaba de una herida oblicua que le cruzaba toda la mejilla derecha.

Una de las trabajadoras de limpieza me contó que ella ya había oído hablar del paciente y me explicó que era un sujeto violento, conocido como el pendenciero de su cantón, que siempre andaba involucrado en una y otra pelea.

En un par de días el paciente fue dado de alta y yo seguí durante las tres o cuatro semanas siguientes con mi rutina de trabajo. Un día, por la mañana, yo me encontraba mirando pacientes en la Consulta Externa, cuando de pronto, la puerta del consultorio se abrió sin permiso y el paciente pendenciero se apareció como de la nada, con un machete envainado en la mano izquierda (no sé en realidad cómo entró armado al hospital; pero lo hizo), con botas puntiagudas y sombrero obscuro. Se quedó parado en silencio un momento mirándome. Tenía una expresión muy seria en el rostro y se había dejado crecer la barba. Luego abrió la boca para preguntar:

-¿Es usted el Dr. Perdomo?

Yo estaba sentado y me levanté lentamente y lo miré a los ojos. Observé su postura rígida y el arma que tenía en la mano izquierda. Realmente tenía cara de pocos amigos. Pensé que tal vez se sentía insatisfecho con la sutura que yo había realizado en su cara unas semanas atrás y que había venido a pedirme cuentas. Sentí miedo en realidad; pero traté de no mostrarlo y le respondí con firmeza:

-Sí, soy yo.

Se acercó a mí y yo me quedé inmóvil, mirándolo. Entonces me dijo:

-Aquí están aunque sea estos cincuenta colones. Me gustó como me dejó. Casi no se me ve la cicatriz.

El sujeto era verdaderamente tosco y el dinero no me lo dio en la mano, sino que lo arrojó sobre el escritorio y se dio la vuelta inmediatamente para irse. Lo detuve y le expliqué que fue mi deber atenderlo y que no me debía nada.

-Sí, ya sé. Pero esto no es pago, doctor. Es mi gusto darle ese dinero.

Y se marchó sin decir más palabras. No lo volví a ver otra vez.

Pero yo aprendí que todas las personas tienen un lado obscuro y un lado bueno, y que hay personas que agradecen a su manera. Nunca olvido que los médicos estamos expuestos a tratar con mil y una diversidad de personas.

Y lo más importante es no perder en ningún momento la empatía con los pacientes.

Texto:

Óscar Perdomo León

Imágenes extraídas de:
http://www.google.com.sv/images?hl=es&source=hp&biw=1280&bih=656&q=sutura&btnG=Buscar+im%C3%A1genes&gbv=2&aq=f&aqi=&aql=&oq=

Acerca de Érika Valencia-Perdomo y Óscar Perdomo León.

Médicos.
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9 respuestas a HISTORIA DE HOSPITAL 4

  1. Jonathan dijo:

    Que interesante historia. Demostró mucho valor con ese paciente

  2. Beatriz Fuentes dijo:

    Muy interesante……. Me parece una refleccion muy buena!!!!

  3. *Jonathan: en realidad mi punto no era hablar de mi valentía, si es que la tuve, sino del agradecimiento que pueden mostrar algunas personas. Gracias por sus palabras.

    *Beatriz Fuentes: gracias por opinar en nuestro blog.

  4. Lucio Diaz dijo:

    Caras vemos, corazones no sabemos. Fue un paciente muy agradecido y como dijiste tú “a su manera”

  5. Ana Mercedes Miranda Morán dijo:

    Dr. Perdomo: las historias que usted narra tienen la particularidad de que mantienen el interés de principio a fin. A mí me encantan porque, independientemente del tema, todas tienen el lado humano que retrata la conducta cotidiana (buena o mala), del hombre o la mujer, y hay parte triste, pero también hay buen humor en los contenidos, sazonados con suspenso que usted sabe manejar. Saludos afectuosos.

  6. Monica Maria dijo:

    Dr. Perdomo, me encanta leer de ese tipo de anectodas, esas experiencias que nos dejan ver el ser humano real, que nos hace recordar que el ser humano todavia tiene esperanza, que habla de los dos seres humanos, 1 el doctor y el deber que juró y 2 el hombre que a pesar de su mala fama tambien tiene razgos de nobleza como es el ser agradecido. Que Dios lo bendiga mi amigo.

  7. *Lucio Díaz: así fue. Todos los seres humanos tienen un lado bueno y otro malo. Gracias por tu comentario.

    *Licenciada Mercedes Miranda Morán: agradezco sus palabras, las cuales, viniendo de usted, son mucho más valiosas. Gracias.

    *Mónica María: me siento feliz que haya disfrutado esta pequeña anécdota. Es cierto, siempre hay esperanza en las personas, cuando uno ve este tipo de conducta de alguien que se supone “malo”. Le deseo todo lo mejor a usted.

  8. Anna Hernandez dijo:

    me encantan tus historias, son muy reales y yo vivi unas cuantas parecidas cuando vivia en mi amado El Salvador y trabajaba en los hospitales publicos, leerlas es volver a vivir.Gracias por dejarnos conocerlas,desde California un sincero saludo

  9. Anna Hernández: ¡cómo me alegra que te hayan gustado las HISTORIAS DE HOSPITAL! Más adelante seguiremos escribiendo más historias. Gracias por tu comentario. Un abrazo desde El Salvador.

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