HISTORIA DE HOSPITAL 8. Gente buena.

Hospital Rosales, San Salvador, El Salvador, 1936.

El sentido de servir a otros no es sólo un sentimiento que debería caracterizar a los médicos y enfermeras, por mencionar a los trabajadores de la salud más emblemáticos, sino que tendría que ponerlo en práctica toda persona que trabaje en un hospital.

En una ocasión uno de los trabajadores de servicio, (que así se les llama a las personas que se encargan de la limpieza en los hospitales) a quien le daremos el nombre de Ramón, estaba barriendo en una madrugada de abril de 2005. De pronto, de un vehículo un poco destartalado, tipo pick up, bajaron a una paciente cargándola en una hamaca.  La paciente traía una toalla enrollada en su cabeza, lo cual, en el lenguaje no verbal de la gente del campo de mi país, significa que la paciente está grave. Inmediatamente Ramón puso a un lado su escoba y ayudó a colocar en una camilla a la paciente y fue a  llamarme a Partos, en donde yo estaba evaluando una paciente embarazada. De inmediato me dirigí a Emergencia a atender a la paciente recién llegada. La paciente presentaba una infección intestinal más deshidratación grave y anemia, la cual es una condición muy delicada si no se trata adecuadamente. Además Ramón le prestó su teléfono celular a una de las familiares de la paciente para que le avisara a una hermana sobre la enfermedad de su madre.

Lo que quiero poner hoy sobre la mesa es que Ramón actuó con iniciativa propia y sin recibir ni una tan sola orden, todo para el beneficio de la paciente.  Sus actos fueron una cosa sencilla, espontánea, si se piensa en ello, pero una cosa valiosa que aceleró el tratamiento de la paciente. También ayudó a la familia de la paciente sin esperar nada a cambio. Si hubiese más Ramones en todos los hospitales, una mejor atención tendrían todos los pacientes. Cada persona es un peón, un caballo o una torre en el tablero blanco y negro del ajedrez de la vida (la metáfora no es mía, sino de Borges) y su lugar y desempeño es importante para el engranaje perfecto, para que la máquina de la atención al paciente funcione correctamente.

La vida de los médicos en los hospitales públicos de El Salvador conlleva muchas responsabilidades; pero también se tiene la gran oportunidad de conocer gente con sentimientos muy cálidos y sinceros. Entre los trabajadores de la salud en las diferentes áreas tuve el privilegio de llegar a trabar amistad con personal de anestesiología, personal administrativo, trabajadores de servicio, personal de cocina y personal de enfermería.  En todas esas áreas encontré gente buena que hacía su trabajo por amor hacia el prójimo. También, por el contrario, como era de esperarse, hallé personas que parecían despistadas y sin la mínima capacidad de entrega y servicio, cualidades necesarias en esto de la salud.

Recuerdo que a muchos de estos compañeros de trabajo les gustaba la música y cuando estábamos en Sala de Operaciones, les encantaba escuchar las notas musicales que salían de mi Ipod (el cual me regaló mi amigo de la infancia Shamba, que hoy vive en los Estados Unidos). La música jugaba un papel muy importante, restando presión o stress al trabajo de médicos, anestesistas, trabajadores de servicio y enfermeras, causando con ello mejores resultados en la cura de los pacientes. Y para el paciente la música era una fuente de tranquilidad. Es decir, la música era -y es-  una cura infalible.

Cada acto, por sencillo o grande que sea, tiene un espacio y una consecuencia en el destino de uno mismo y de otras personas. Cuando estos actos son hechos con honestidad y sinceridad son definitivamente más efectivos y los resultados son tremendamente más positivos.

Que sean estas palabras un breve, pero sincero homenaje para esas personas buenas, para esos héroes anónimos que cada día brindan su ayuda desinteresada en los hospitales.

Texto:

Óscar Perdomo León

Fotografía extraída de: http://www.google.com.sv/search?rlz=1C1AVSX_enSV398SV408&q=hospital&um=1&ie=UTF-8&tbm=isch&source=og&sa=N&hl=es&tab=wi&biw=1280&bih=699#um=1&hl=es&rlz=1C1AVSX_enSV398SV408&tbm=isch&sa=1&q=hospital+rosales&oq=hospital+rosales&aq=f&aqi=g3&aql=&gs_sm=e&gs_upl=51355l55487l0l56298l8l8l0l3l3l0l575l1765l2-2.2.0.1l5l0&bav=on.2,or.&fp=1d50367858bd3381&biw=1280&bih=699

Acerca de Érika Valencia-Perdomo y Óscar Perdomo León.

Médicos.
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2 respuestas a HISTORIA DE HOSPITAL 8. Gente buena.

  1. Roxana Ortiz dijo:

    Muy buena historia reflexiòn!!!…en lo personal cada vez que voy a una cita o control a un hospital (en la mayoria de casos el ISSS), trato de conversar con als personas q esta
    n a mi alrededor, eso si, no me identifico lo que soy profesionalmente, me encanta escuchar la opinicon que tienen de los medico/as, del tipo de atenciòn que reciben, sus quejas, sus males, sus mejoras, etc….hace poco tuve la oportunidad de recibir un gesto que me conmovio enormemente: se llego las 12 m y aun esperaba recibir mi control con el perinatologo en la 1º de Mayo, se me olvido llevar algo con que llenar la barriga, mientras esperaba…y sin ninguna intensiòn se lo comente a otra señora que estaba a mi lado (solo como un pretexto para conversar) la cual parecia de muy bajos recursos economicos (tampoco es que yo los tenga grandemente)….saco una manzana de su bolso y me dijo comase esto…le insisti que no porque a ella le daria hambre y la necesitaria, pero me dijo no se preocupe aca traigo otra y me la mostro!!…la verdad me conmovio ese gesto de bondad y de compartir, que pienso ¿en un hospital privado, con persoans al menos de aparente mejor status social ¿me hubiese sucedido lo mismo???…..Bueno son de las cosas qeu te suceden y que te hacen pensar q aun existe gente buena!!! y le gradesco a Dios la oportunidad de vivir este momento y otros que me ha tocado compartir!!!!

    Roxana Ortiz

  2. Gracias Roxana Ortiz por este comentario-reflexión y esta historia que viene a enriquecer la HISTORIA DE HOSPITAL 8.

    Es bueno lo que hace al no identificarse y escuchar la sinceridad con que la gente puede expresarse de los médicos.

    Muchas gracias otra vez.

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