HISTORIA DE HOSPITAL 10. Arrepentimiento y perdón.

Cuando estaba en mis primeros años de estudiante de Medicina en la universidad, lleno de dudas sobre Química Orgánica, llegué al bachillerato donde estaba mi antiguo profesor de química y le consulté, pidiéndole ayuda. Se preguntarán por qué le estaba consultando a un profesor de bachillerato, cosas que me estaban enseñando en la universidad. Bueno, eran ciertas cosas básicas del saber que yo estaba seguro que él las manejaba muy bien. Me acuerdo que se lo pedí respetuosamente y él me contestó con una frase hiriente:

-¿Y así querés llegar a ser médico, si no entendés  las cosas más sencillas?

Me sentí muy defraudado. Un nudo en la garganta me apretó fuerte, de enojo y decepción. Me despedí, respetuosamente también, me di la vuelta y me fui. No lo volví a ver en muchos años.

Pasó mucho tiempo. Cuando ya tenía un par de años de haberme graduado de médico, me encontraba trabajando en la Emergencia de cierto hospital. Una noche llegó un paciente sumamente delicado. Inmediatamente me acerqué a él y lo empecé a examinar. Era un paciente alcohólico que presentaba sangramiento del tubo digestivo superior. Es decir, que llegó vomitando sangre y teniendo defecaciones negras. Estaba con la tensión arterial baja y se veía muy pálido. Al verlo, al principio no lo reconocí, pero luego me asombré al darme cuenta que era mi viejo profesor de bachillerato.

Le pregunté si se acordaba de mí, pero se encontraba en un estado que se acercaba mucho al sopor y apenas me entendió la pregunta. Corrí a buscarle sangre y a indicarle todo lo que pudiera necesitar para su mejoría. Le indiqué el ingreso y se lo llevaron para el Servicio de Medicina Hombres.

Cuando ya había ingresado a su cama y lo estaba atendiendo ya otro médico en el referido Servicio, reflexioné en mi conducta y actuación para con él. Desde el punto de vista profesional había hecho todo lo que estaba a mi alcance. Pero había algo que me molestaba y me di cuenta que era la pregunta que yo le había hecho: «¿Se acuerda de mí?».  Quería que él se diera cuenta que el médico que lo estaba atendiendo era el mismo joven estudiante que hacía años le había ido a pedir su ayuda. Quería vengarme con mi jactancia. Pero mi profesor nunca supo que fui yo quien lo atendió de entrada.

Lo vi una vez más por la tarde del día siguiente, en que salía de mi turno de Emergencia. Al llegar al Servicio de Medicina, me di cuenta que todavía estaba en un estado muy grave. El médico que para entonces lo estaba tratando me dijo que el pronóstico era reservado. Me fui a mi casa a dormir, preocupado, pero también muy cansado del turno que había tenido. Al día siguiente que regresé al hospital, mi profesor ya había fallecido. Me sentí muy mal y volví a repasar en mi cabeza lo que había pasado el día anterior.

Yo no había hecho nada malo, desde el punto de vista médico; pero sí en algún momento dejé salir mi amor propio herido cuando le hice la pregunta. Me arrepentí de haber guardado ese rencoroso recuerdo, de cuando él no quiso ayudarme en el bachillerato. Y entendí que tenía que perdonarlo a él, aun después de muerto. Y perdonarme a mí mismo, porque yo, con todas mis virtudes y mis defectos humanos, también algún estaré muerto.

Texto:

Óscar Perdomo León

Imagen tomada de Google.

Acerca de Érika Valencia-Perdomo y Óscar Perdomo León.

Médicos.
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6 respuestas a HISTORIA DE HOSPITAL 10. Arrepentimiento y perdón.

  1. Laura Verónica Valencia Lugo de Bodin dijo:

    Como decía Socrates, lo primordial, y lo más dificil, es ser honesto consigo mismo. Shakespeare, en “Hamlet”, también lo dijo: “Tu thine own self be true;thou canst not then be false to any man.” Tu esfuerzo de ser honesto contigo mismo es ejemplar. Que le hagas hecho esa pregunta a un hombre que se estaba muriendo fue pues – tu lo has dicho – por venganza. Pero él también nunca debeía de haberte humillado como lo hizo. El, también, en ese instante fue guiado por su orgullo. Y ya ves la consecuencia. “Hubris” – el peor pecado en la antigua cultura griega. Al admitir tu error, al sentirte tan mal, al reconocer el mal que cometiste, abriste el camino al perdón, y con el perdón,el camino a la redención y a la paz, al fin. Es todo tan complicado y tan simple, ¿verdad?
    Gracias por compartir esta historia tan profundamente humana.

  2. Gracias por este análisis que has hecho, Laura. La verdad es que este recuerdo lo traté de borrar de mi mente por muchos años, porque me avergonzaba; pero esas cosas no se pueden borrar como la tiza en la pizarra. Creo que lo mejor que pude haber hecho fue enfrentar mi culpa y perdonar en ambas vías, porque de verdad me quitó un peso que llevaba conmigo. Escribirlo y publicarlo fue más difícil; pero era parte del proceso también.

    Por otro lado, qué alegría saber de tu persona, Laura. En El Salvador hay dos corazones abiertos para vos, el mío y el de Érika. Un fuerte abrazo.

  3. andres dijo:

    en medio de tanta maldad y gente preocupada por adquirir mas y mas (dinero ,posesiones,poder…) es gratificante encontrar personas que todavía valoran pequeñas cosas, gestos de humildad, perdón, arrepentimiento y que se toman el tiempo de compartirlo. Dios los bendiga. que buena actitud aahh y lindo espacio.

  4. erik antonio carrillo dijo:

    primeramente, saludos amigo, me ha gustado leerte. siempre he creído que los sucesos que pasan en un hospital son de lo mas cotidiano y vulgar, pero los has transformado en intimo lo cual lo hace muy interesante, voy a segur leyendo.

    • Saludos, amigo Carrillo, colega. Qué sorpresa más agradable encontrar tus palabras aquí en mi blog. Muchas gracias por tus pensamientos y por el interés de seguir leyendo. Es un honor que visités este pequeño espacio mío y de Érika.

      Este espacio está abierto a nuestros amigos y si algún día escribís algo de tus experiencias en los hospitales, no dudés en mandarme tu escrito y lo publicaremos aquí con mucho gusto.

      Abrazos fraternos.

      P.D. No se me ha olvidado que tengo un libro de tu propiedad en mis manos. En cualquier momento lo hago llegar a tus manos.

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