HISTORIA DE HOSPITAL 12. Mi compañero de estudios.

Una tarde de mayo, en el hospital de niños «Benjamín Bloom», siendo yo todavía estudiante de Medicina, conocí el caso de un niño de San Miguel, de orígenes socio-económicos muy modestos. Estaba ingresado debido a una leucemia. Su mamá, una señora de unos 45 años, se la pasaba dedicándole todo su tiempo, mirándole, hablándole, consolándole…

Yo tenía un compañero de estudios (a quien le llamaremos aquí Virgilio) con quien acostumbrábamos andar juntos. Siempre que nos acercábamos a la señora y su hijo enfermo, él tenía el buen tono de platicar con ella y de hacerles sonreír. Yo me sorprendía, porque la mayor parte del tiempo la señora se veía preocupada, angustiada, y con razón. Pero Virgilio, con su humildad, con su genuino interés en lo que les ocurría a ellos, les daba una dosis de esperanza y alegría. Al final, supimos que el niño había sido dado de alta con controles periódicos y, aunque ya no supimos de él, porque después pasamos a otra rotación, en otro hospital, guardábamos el anhelo de que el pacientito se hubiese curado del cáncer.

***

En otra ocasión, mientras hacíamos turno en la Emergencia de un hospital nacional, Virgilio y yo nos encontramos que, entre los que consultaban, estaba un reconocido percusionista de uno de los grupos musicales más famosos de este país (a quien llamaremos aquí con el nombre ficticio de Mauricio). Me alegré de verlo, porque ya lo había visto tocar, y Virgilio también. Mientras Mauricio esperaba a que lo ingresaran tuvimos la oportunidad de platicar con él, largo y tendido sobre música, y también sobre su enfermedad.

Su problema radicaba en una de sus rodillas; la tenía edematosa, con leve rubor y muy dolorosa. No había historia de trauma previo. Para alguien como él, cuyo instrumento básico era la batería, tener una rodilla en ese estado era un verdadero problema.

A la mañana siguiente Virgilio me pidió que lo fuéramos a visitar al Servicio de Medicina y nos dimos cuenta que estaba triste, pensativo. Pero Virgilio ya iba preparado: para animarlo le prestó su discman (un dispositivo que en aquellos días estaban de moda) para que pudiera oír música y Mauricio estaba muy contento de poder escuchar canciones. (Recuerdo que entonces, al día siguiente, yo le llevé un disco de Paquito D´Rivera y me dijo que le había dado en el clavo porque Paquito era uno de sus músicos preferidos; la alegría se notaba en sus ojos.)

***

Pasando por la rotación de Cirugía, como estudiantes también pasábamos las visitas junto a los médicos encargados de los pacientes de Ortopedia. Había en ese Servicio de Ortopedia un paciente que era un adicto a la lectura; mañana, tarde y noche, estaba con un libro en la mano; era un señor de unos 65 años de edad, sonriente y de conversación interesante. Su problema básico era que tenía una fractura expuesta infectada, que no parecía mejorar para nada.

Virgilio platicaba con el paciente de vez en cuando. No tenía familia que lo visitara. Era viudo y su único hijo vivía en Australia, pero hacía ya unos ocho meses que no se comunicaba con él.

Un día lo hallamos desconsolado, porque ya había devorado su libro y no tenía otro para seguir leyendo. Y para colmo había adquirido una bacteria resistente a un antibiótico que el hospital no tenía en ese momento a la mano.

Al día siguiente Virgilio apareció en el hospital, pero no traía sus manos vacías. Había ido a un prestigioso laboratorio a conseguir muestras médicas del medicamento que el cultivo arrojaba como el indicado para matar a la susodicha bacteria. Y además, traía dos libros viejos y usados que tenía en su casa; eran dos novelas magníficas: Drácula y El Conde de Montecristo.

El paciente no paraba de agradecer el gesto de verdadera humanidad de Virgilio.

***

Tengo muchísimos años de no ver a Virgilio, pero lo recuerdo con mucho cariño. Virgilio, mi  compañero de estudios,  quien sin ser mi maestro ni pretender serlo, con sus acciones, pequeñas pero significativas, me enseñó que un médico, además de tener conocimientos para diagnosticar enfermedades o de tratar de prevenirlas, debe también tener siempre en cuenta la parte emocional de los pacientes, la cual es muy importante que esté muy positiva para que su recuperación sea lo más rápida posible. Esa parte tan sencilla, pero también tan humana, de dedicarle un poco de tiempo a un paciente para conversar, para escucharlo y para entregarle un  gesto de cortesía o de bondad, o de preocuparse para conseguir llenar una necesidad, es una de las características más importantes que debe tener todo médico, y Virgilio me enseñó todo eso aun antes de haberse graduado de doctor en Medicina.

Texto y fotografía:

Óscar Perdomo León

Acerca de Érika Valencia-Perdomo y Óscar Perdomo León.

Médicos.
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2 respuestas a HISTORIA DE HOSPITAL 12. Mi compañero de estudios.

  1. Jonathan dijo:

    Muy lindas historias. Un ejemplo el de su amigo, Creo que tambien ustedes tienen la misma vocación.

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