EL BICENTENARIO: EL URGENTE PASO DEL “AÚN ESTAMOS AQUÍ” A LA RECUPERACIÓN DEL ROSTRO.

Cotzumalhuapa *
Este día tenemos como invitado a Gustavo Pineda, abogado de profesión, humanista, músico (ex intérprete del instrumento musical folklórico la caramba) y conocedor del tema indigenista (como muy pocos en este país). En esta ocasión nos trae un escrito impactante. Los invitamos a leerlo.
Le damos también las gracias a Gustavo por su colaboración para LA ESQUINA.
Érika Valencia-Perdomo
Óscar Perdomo León

EL BICENTENARIO: EL URGENTE PASO DEL ¨ AUN ESTAMOS AQUͨ A LA RECUPERACIÓN DEL ROSTRO.

Una dinámica cultural y especialmente política ha sido la negar el tema indígena en El Salvador. Esto incluye el negarnos la herencia indígena que gran parte de las y los salvadoreños y salvadoreñas tenemos. El hecho de que esto no sea algo de inercia colonial y que tenga un propósito muy claro es por cuanto esa negación constituye un elemento fundador y por tanto de la esencia del poder en El Salvador; y poder en el más amplio sentido, que incluye lo económico, lo político, lo social y lo ideológico. Es en esta última categoría donde podríamos inscribir el tema espiritual y religioso, aspecto no menos importante que los demás. Si hay algo que fue duramente perseguido durante la colonia, es la antigua espiritualidad; ejemplo de ello fue el juicio del Tribunal del Santo Oficio contra el nieto de Nezahualcóyotl, quien se llamaba Chichimecatecuhtli, quien en 1539 fue procesado, sus bienes confiscados y el condenado fue quemado vivo. A este ejemplo siguieron otros en la América colonial. Tal el sistema de opresión colonial.

La negación es un estado de cosas que funciona en tanto supresión o desvaloración de los elementos culturales indígenas, especialmente los ideológicos para reafirmar los valores judeo-cristianos y occidentales, especialmente aquellos que implican una sociedad mercantilista, androcéntrica y patriarcal. Frente a esto, las comunidades indígenas como tales, adoptan ya conscientemente o por impulso natural, diversas formas de resistencia. Esta resistencia ha implicado diversos levantamientos en diferentes épocas y diferentes comunidades.

Nótese que no resalto lo que siempre se connota -1831 Anastacio Aquino y 1932 con el levantamiento de los náhua-pipiles- porque me refiero a varios motines; levantamientos que los indígenas han protagonizado, tanto durante la colonia como después de ésta, no como estertores intermitentes y agónicos sino como una constante convulsión de un cuerpo que se resiste a morir. Durante el movimiento independentista, los indígenas tuvieron participación; hay referencia de barrios y hasta pueblos indígenas como San Pedro El Grande (hoy San Pedro Perulapía) que se unieron al movimiento independentista pero que fueron invisibilizados en el curso de este proceso y en los registros de la historia. Esta resistencia es el ¨aún estamos aquí¨ de Pedro Geoffroy Rivas en su poema ¨Cuenta de la Peregrinación¨ obra medular, yo diría fundacional de este tema de resistencia de nuestra identidad indígena. El tema indígena en nuestro país no se agota con las comunidades nahua-pipiles, lencas o kakawiras; es un tema concerniente a nuestro ser salvadoreño. Pero es esta parte de nuestro ser, que ¨aún esta ahí¨ y que no reconocemos porque así está diseñada nuestra formación. No somos europeos, ni occidentales; como dijo Dagoberto Gutiérrez, somos de la periferia y nuestra realidad cotidiana, de tipo social e histórica, dimensiones trascendentales, implica nuestra herencia indígena lo queramos o no. Ciertamente lo que tenemos como ¨cultura¨ es una identidad impuesta, asumida por nosotros en virtud de nuestra herencia y que muchas veces no responde a esta realidad a la que me refiero. Esta imposición es deformante de nuestra realidad más auténtica en cuanto a seres humanos, porque es la esencia de una forma de poder y de relaciones de poder; es una forma de ver a los seres humanos como hemos dicho, androcéntrica y mercantilista; es una manera de ver a la naturaleza como ¨recurso¨ y no dentro de su dimensión de seres vivientes. Y en lo más profundo de nosotros y nosotras, nos genera una frustración, habida cuenta de sabernos ¨inferiores a¨. Es pues una visión que no sólo ¨mata¨ nuestra verdadera dimensión de seres humanos de Mesoamérica, sino que nos mata de verdad y mata el entorno.

Gustavo Pineda. Fotografía tomada por Ennio Sol Guerrero.

Pero el tema de lo indígena ha estado ausente en nuestras reflexiones aún en las de la izquierda política a pesar de que, buena parte de esta herencia indígena ha sido impulsora de la misma izquierda salvadoreña, no sólo en 1932 sino en la pasada guerra. El antropólogo Guillermo Cuellar refiere que es muy probable que el sentido comunitario y solidario que cohesionó el movimiento de izquierda y en buenos términos el movimiento político militar del FMLN, ha sido a partir de elementos culturales y tradiciones indígenas que muchas veces no reconocemos como digo. No queremos reconocernos o no podemos reconocernos porque ni siquiera lo hemos intentado, es decir, negamos de raíz, el espacio a discutir este tema de manera seria. Esto es pues, un tema “muerto” negado, y cuya negación también mata. En la cultura mesoamericana, la muerte es en un determinado momento, asociada al rompimiento del diálogo de la vida, ese entendimiento de la dualidad de fuerzas que genera el movimiento, el sístole y diástole, la respiración pues de los seres vivos. Luego viene la desintegración; según Rafael Girard el concepto maya de ¨keme¨ – muerte – está asociado a la acción de pulverizar, de moler. Similar pues, a toda destrucción incluida a la que hacemos referencia supra. Otro elemento de la muerte es que constituye un tiempo de impasse, es decir, entre la el no ser y el ser. Para superar este impasse debe suceder algo, para reiniciar el diálogo de la vida debe surgir algo trascendente un sacrificio, un rito. De hecho, los ritos son en la cultura mesoamericana, ceremonias que propician, solemnizan y celebran el paso de un estado a otro, como la ceremonia del fuego nuevo, según los estudiosos del tema; es decir, se inscriben en el hacer trascender este impasse. Esa es ciertamente, la misma dinámica de las calaveras de Hun Hunahpu y Wukub Hunahpu en el Pop Wuj: la pareja es muerta, luego crece un árbol de jícaro y surgen los frutos (cráneos que cuelgan) para que la princesa Ixquiq se acerque y sea fecundada de un escupitajo proveniente de una de las calaveras. En este escupitajo Hun Hunahpu transmite lo último de su esencia y es un símbolo interesante ya que los ahpu son en buenos términos, los cerbataneros, los que transmiten ¨la palabra certera¨ esa palabra que en el caso de Hun Hunahpu se vuelve el inicio del nuevo diálogo, en las semilla que fecunda a Ixquiq y que da lugar a los gemelos Hunajpu e Ixbalamkiej producto pues, de las dos esencias que se unen: Los Ahpu, símbolos solares (es su cerbatana una sublimación del rayo fecundador) e Ixquiq princesa del inframundo, del Corazón de la Tierra. En el caso de la Tzuntegúmat de los nahua-pipiles le pasa similar, la mujer traidora, no identificada con su propia condición, muere y de ahí surgen los Muchachos de la Lluvia, quienes heroicamente, descubren el maíz en la montaña mítica de donde surge la vida. Pero no sólo es necesario el sacrificio; para trascender la inercia de la muerte, hay que tener la astucia, la sabiduría, el movimiento inteligente conocido en idioma maya como ¨Noj¨ cualidad que los héroes del Pop Wuj tenían y que les permitió ¨vencer¨ a los señores de la muerte, los Aj Keme.

En el momento actual, a doscientos años de la gesta independencista, tenemos un nuevo espacio para los pueblos indígenas y para nuestra identidad como pueblos salvadoreños, se plantean los desafíos para trascender este ¨ser y no ser¨ este diálogo interrumpido de la vida de nuestra verdadera identidad. Nuevos esfuerzos aunque incipientes, surgen para revisar esta negación a lo indígena en nuestro país. El Gobierno ha pedido perdón por el genocidio de 1932 y ha declarado oficialmente que El Salvador es un país multicultural y pluriétnico. Se nos plantea pues la necesidad de trascender y con nuestro esfuerzo fecundo, nuestro sacrificio colectivo, nuestra sabiduría aplicada a la realidad, poder reiniciar este diálogo, con las palabras certeras, por la vida, por la recuperación de lo que Pedro Geofrroy Rivas dijo, el rostro del jaguar símbolo por cierto de lucha, de la fortaleza espiritual y Corazón de la Madre Tierra.

Como algo importante, no puedo dejar de mencionar en este planteamiento, que es en esta identidad mesoamericana donde hay fuertes elementos femeninos que se nos replantea en este bicentenario, el retomar la parte femenina no sólo con el Sagrado Corazón de la Tierra sino a su manifestación humana, pues también está el sacrificio de las mujeres que lucharon por la independencia y que, al igual que los indígenas fueron invisibilizadas. Es hora pues, de recobrar esta totalidad del rostro, que es el rostro de dignidad, el rostro de la Madre Tierra, el rostro del Jaguar.

Texto y fotografía:

Gustavo Pineda

* NOTA: Gustavo Pineda dice: “Cotzumalhuapa es un geonimico. Pero también es el nombre de una cultura que prosperó en la zona del pacífico del sur de Guatemala y el occidente de El Salvador. Exponentes de esa cultura son unas estelas donde el tema de los sacrificios es recurrente, el tema de las serpientes de dos cabezas, relacionado con el tema de la luna etc. la Cultura Cotzumalhuapa tuvo un asentamiento ahi por Cara sucia también. El estilo es bien curioso porque se parece al estilo teotihuacano.”

Instrumentos folklóricos salvadoreños

Acerca de Érika Valencia-Perdomo y Óscar Perdomo León.

Médicos.
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