LA GUERRA Y EL ARTE

SUMPUL. Pintura de Carlos Cañas.

Las catástrofes, los grandes acontecimientos, las historias de sacrificio y esfuerzos han sido siempre fuente de inspiración para todas las ramas del arte.

Las guerras no se quedan atrás, se cuentan por centenares las producciones literarias, cinematográficas, de danza y canto –entre otras- que han tenido su base en historias colectivas o individuales que estuvieron sumergidas en los conflictos bélicos que, desde el inicio de las civilizaciones han abrazado al Hombre.

Hace unos días, estuve en calidad de espectadora en una sesión de un taller de cine dirigido por André Guttfreund, en el que presentó una película de producción italiana, filmada en la Roma de fines de los años 40, la cual aún vestía de luto, llorando por sus hijos caídos durante la II Guerra Mundial. Su trama inspirada en la ocupación Nazi a la capital itálica; la película (Roma. Ciudad abierta.) es simplemente intensa. Al final de la misma, André se dirigió a sus alumnos y entre sus reflexiones salió a la luz nuestra experiencia vivida durante la guerra civil salvadoreña, incitándolos en abordar el tema desde el punto de vista artístico.

Esas palabras del Sr. Guttfreund, son las que me inspiran hoy a escribir.

Nosotros como salvadoreños, estamos dejando perder esa fuente de inspiración. Las artes en El Salvador no brillaron en la post guerra tal y como sucede en muchas partes del mundo. Al contrario, desde hace 20 años vivimos en el silencio, el mismo silencio que en 1932 envolvió a nuestros indígenas, haciéndolos negar sus raíces y que 80 años después sigue enmudeciendo y avergonzando a muchos de tener sangre indígena.

Hay una nueva corriente en las artes, posiblemente más palpable en la literatura, que trata de echar tierra o minimizar el impacto de los  10 años oficiales de guerra civil; un hecho muy grave, pues son los artistas en los que descansa la memoria, el verdadero conocimiento de los sucesos, la interpretación de lo sucedido, la resignación de lo perdido.

Atrás quedaron los guerrilleros y los soldados, pero en la práctica actual aún están vigentes, si algún artista se atreve a espulgar el pasado desde alguna perspectiva, sufre la crítica de los políticamente adversos, el reproche de los suyos, el rechazo de los sectores sociales, las heridas aún no han cerrado correctamente; hoy preferimos  vestirnos con los harapos de lo patético, de lo antiestético, nos calzamos creyendo que lo “chic” al escribir es atar palabras sin sentido, unidas por comas, separadas por algún punto y aparte, únicamente haciéndolo por la sonoridad de las mismas y diciéndole al pueblo que escasamente a aprendido a leer y no a interpretar que a eso se le dice poesía.

Erróneamente seguimos haciendo más de lo mismo: agachar la cabeza y recoger lo que nos dan.

Pero el olvidar y dejar escapar la inspiración que el espectro del dolor ha causado en las madres que aún lloran a sus hijos fallecidos en ataques fratricidas salvadoreños, no es únicamente responsabilidad de los artistas. Es error de los gobernantes y de nosotros, los sobrevivientes de ella. La tradición del relato oral se lo engulle la tecnología, la inmigración, la falta de trabajo, la ignorancia.

André Guttfreund instaba con hermosas palabras a un grupo de jóvenes que no llegan a los 30 años a escarbar en nuestra gente, a rescatar historias tan grandes como las que hemos visto en costosas producciones hollywoodenses, a encontrar a nuestros propios héroes y antihéroes.  Pero eso es  casi una odisea, si en las escuelas no se habla de la guerra civil más que sólo las quince líneas del libro de texto de una manera tan superficial que diez años se resumen en una hora clase. ¿Cómo inspirar a nuestros jóvenes artistas, si los protagonistas de las historias fallecen poco a poco sin dejar nada escrito o lo que está impreso no llega a los 14 departamentos del país o es demasiado costoso para muchos?, ¿Cómo tomar las crónicas de uno y otro bando, de sus dirigentes y sus alrededores, si dos décadas después decir la  verdad es “pecado mortal”?

Los actores principales de la guerra civil –jefes, ex combatientes, civiles- mueren ancianos, con todos los achaques de la edad y con ellos y el silencio. La generación más joven de la época de la firma de los Acuerdos de Paz, hoy sobrepasa los 30 años y muchos de los directamente involucrados, viven bajo la sombra de la inmigración, la inseguridad y las extorciones, creyendo que de recuerdos no se consigue el pan para la familia y el Estado no hace esfuerzos profundos para despolarizar la sociedad de la post guerra.

Una tarea tan grande como es la de unirnos nuevamente como hijos de una misma tierra, conociendo, amando y tolerando nuestro pasado, respetando nuestro presente para crear hombres orgullosos de la patria solo lo pueden hacer los artistas a través de sus múltiples expresiones.

André Guttfreund, gracias por abrir un poco los ojos a la juventud salvadoreña.

Texto:

Érika Valencia-Perdomo

Acerca de Érika Valencia-Perdomo y Óscar Perdomo León.

Médicos.
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5 respuestas a LA GUERRA Y EL ARTE

  1. Un millón de gracias por tu escrito. Yo, como maestra de español, enseño a mis estudiantes la historia de Latinoamérica, empezando con los precolombinos hasta hoy día. Durante décadas me negué enseñar esta historia y enseñe francés. Simplemente nuestra historia es una de genocidio, injusticias pobreza y por consecuencia, corrupción, conflicto y violencia interminable. Los españoles vinieron para encontrar oro y así ,usando su religión cristiana para justificar el trato bárbaro de los indígenas, les inculcaron que eran inferiores porque no eran católicos, porque eran “salvajes”. Técnicamente, no los esclavizaron, pero desde que llegaron los españoles hasta hoy día, los indígenas han vivido en la mas grande pobreza, humillados, masacrados, explotados y solo unos pocos han sobrevivido. El silencio del cual tu hablas solo lo han logrado romper algunos artistas: Diego Rivera, Orozco, Frieda Kahlo, García Márquez, Rulfo y otros. En El Salvador, desgraciadamente, lo único que he encontrado yo, lo único que me han dicho todos (menos tu y Óscar),es “Olvida el pasado; lo malo hay que olvidarlo.,etc., etc.,….” Que no entiende la gente que si no se saca a la luz el pasado, nunca, pero nunca, se va a olvidar? El circulo vicioso de odio, resentimientos, envidia, codicia, celos, amargura y venganza seguirá ad infinitum si no se sacan esas emociones de nuestra mente, consciente e inconsciente. Solo la verdad nos liberara del circulo vicioso que mantiene a tantas sociedades latinoamericanas condenadas a repetir los errores del pasado.

  2. LauraVeronica: Cómo nos agrada encontrar tus comentarios tan ricos en ideas en nuestro blog. Tenés razón, nosotros no estamos de acuerdo en olvidar, porque sería caer en la ignorancia. Creemos que la Historia debería abordarse desde una perspectiva objetiva, sin odios ni resentimientos. La historia de nuestro país es terrible; pero también puede ser una fuente de ideas y emociones para ser plasmadas en una obra de arte, como el cine, por ejemplo.

    Muchas gracias por comentar y visitar con frecuencia nuestro blog. Nos sentimos honrados con tus palabras y tu presencia. Un abrazo.

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