HISTORIA DE HOSPITAL 20. La muerte entra por los pies

Árbol con rostro 1. Óscar Perdomo León

Ella estaba entre la conciencia y la somnolencia, su mente le jugaba malas pasadas imaginando que sonaba una ambulancia o que la llamaban para atender un parto, sin embargo todo acababa cuando el cabeceo –fiel evocador de la lucha entre el estado de alerta y el ensueño- peligrosamente la amenazaba con golpearle el rostro contra el escritorio, haciéndola despertar.

Tres horas de descanso en tres días de vigilia estaban dando sus frutos, el turno médico de la tercera noche fue el más duro de vencer, apenas se sentaba a escribir empezaba a soñar incoherencias, por tal motivo poco le importó la sensación de hormigueo que poco a poco ascendía por sus pies.

Faltaban algunas horas para que los gallos empezaran a cantar cuando el hormigueo se convirtió en pesadez al andar, toneladas de concreto se adueñaban paso a paso de los pies, recorrer unos cuantos metros era como subir hasta el Gólgota con la cruz a cuestas.

El sueño se fue apoderando vorazmente de su conciencia al compás que el frío intenso que anunciaba el alba y que aquella madrugada era aterradoramente intenso, el agotamiento mental y físico eran  era extremos; la emergencia había quedado desierta, decidió tomar un descanso apoyando la cabeza en el vidrio de la ventana que daba a la entrada del sanatorio desde donde se miraba aquel  tronco sin vida pero en pie aún lleno de nudos y cicatrices producidas por la descarga eléctrica cuando un rayo cayó sobre él, recordó en esos momentos que horas antes se había sentado en el mismo lugar y no supo definir si fue verdad o imaginación la taza de té caliente que un hombre cuyo rostro no podía definir y de manos toscas le ofreció y que aceptó gustosamente.

Árbol con rostro 2. Óscar Perdomo León

Cuando amaneció había una rama diminuta y muy verde saliendo del viejo tronco; a ella la encontraron lívida, fría, para levantarla de la silla en que había muerto tuvieron que romper el piso, los pies se habían transformados en raíces viejas, secas y ásperas.

Texto:

Érika Valencia-Perdomo

Fotografías:

Óscar Perdomo León

Acerca de Érika Valencia-Perdomo y Óscar Perdomo León.

Médicos.
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